
¿Saben las niñas italianas que tienen ahora el autógrafo de quien lleva 36 medios cerrados por razones políticas, periodistas arrestados o en el exilio, un número importante de presos políticos, 2.020 procesados por protestar (cifras de la ONG Provea, sin contar al estudiante Julio César Rivas, hoy en la cárcel Rodeo I, una de la peores del continente)? La ignorancia grita.
Stone estuvo en Caracas, según el diario oficialista CCS, “varios días” para la realización de su documental, los que le bastaron para sacar esta conclusión: “lo que dicen los medios y la oposición en Venezuela sobre la libertad de expresión no es cierto (…) Si vas a Venezuela el 80 o casi el 90 % de los medios están en contra de Chávez, dicen cosas muy duras sobre él y él lo permite. Dicen cosas muy duras y están allí, mientras que en Estados Unidos eso no pasaría”. Déjate de pendejadas, Stone.
¿Cuándo en tu país –imperfectico, por cierto- se niega el acceso a la información pública a un periodista por ser de un medio que no le es afecto al Presidente? ¿Cuándo en tu país el gobierno cerró 34 emisoras de un sólo golpe y amenaza con llegar a un récord de 240, por razones políticas? ¿Se habla de hegemonía comunicacional en los Estados Unidos?
Ver a Oliver Stone en el circo de la revolución bolivariana es triste, incluso para los que lo respetaban aunque no estuviesen de acuerdo con él. Tener que compararlo con aquella documentalista de Hitler, o cualquier apologista de sinvergüenzas, es un duro golpe a los amantes del buen cine.
Stone, viví con él pa’ que veáis, o como rezó un twitero venezolano: “Mira, Oliver... ¿Tú no viste El Último Rey de Escocia, eh? Alquílala, rata”.



