
Venezuela es para muchos “el mejor país del mundo”. No voy a entrar en profundidades: no sé si será el mejor, lo que sí sé es que éste es el país al revés. Si le reclamas a alguien que está ensuciando la calle te responderá, después de algún insulto, algo como esto: “Ensucio lo que me da la gana”. Lo dirá mientras tira, a propósito, otro vaso plástico.
En este país, donde negro es blanco, malo es bueno, si te asaltan, la gente te felicita: “Oye, qué bueno, pana, te quitaron todo pero no te mataron, qué bueno!!!”. Y la víctima en vez de rabia siente agradecimiento.
En este país, si le pides a un “vecino” de la playa que baje el volumen de su reggaeton te responderá: “¿Entonces me tengo que calar tu silencio?”.
Si alguien se come la flecha, ya nadie espera que pida disculpas. Lo que viene después de la embestida es una pistola en la cabeza o en el "mejor" de los casos una catajarra de insultos.
Si una señora está trancando el tráfico porque está parada en doble fila, no hay que reclamar tal a buso. A menos que se quiera escuchar algo como esto: "Imbécil, ¿no ves que estoy comprando frutas?".
En este país, "el mejor del mundo", los que reclaman sus derechos terminan siendo los que “violentan” la ley. Y eso va desde lo más sencillo hasta lo más complejo. Si cruzas por el rayado, con la luz de peatón y un motorizado te atropella, con seguridad te gritará: “Imbécil, ¿Acaso no ves por dónde caminas?” Eso sólo pasa en los países donde abajo es arriba y adentro es afuera.
Si el tráfico está peor que nunca, seguro es que hay un fiscal y si no hay cola es porque el semáforo no funciona.
Si el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología pronostica lluvias intensas por tres días, no hay que dudarlo, habrá sol y cielo despejado. Claro, es el país donde todo hay que leerlo al revés, donde los valores se consideran antivalores y viceversa.
Si denuncias un robo, te hacen un listado de preguntas capciosas que terminan haciéndote pensar que no eres la víctima sino un choro.
Si violan a una muchacha, ¿qué es lo primero que se dice en “el mejor país del mundo”?: “¿Quién la manda a ser bonita y a caminar por la calle? Eso es culpla de ella por provocar a los hombres, nadie la manda”.
Un razonamiento parecido es el que han expuesto algunos oficialistas para pretender justificar lo injustificable.
Sin embargo, acostumbrados como estamos a ver el mundo al revés, aún sorprende que quieran convertir a los 12 periodistas agredidos en los agresores. Sí, sorprende, por una razón: uno siempre está esperando que lo malo sea lo malo y lo bueno lo bueno.